martes, 26 de abril de 2011

El Fantasma de la Opera



Esta tarde sostube una interesante conversacion con dos de mis alumnas en la que salió a relucir “El fantasma de la ópera” una de mis historias favoritas de todos los tiempos, entre todos lo s recuerdos que vienen a mi mente sobresale mi primer intento serio de escribir una obra de teatro adaptando algunos pasajes del libro y actuandolos frente al público durante la inauguración de mi primer exposicion plástica en la vóragine, uno de los bares más populares del centro de Tlalpan.
Recuerdo lo mucho que me identificaba con Erik el desfigurado ser que se ocultaba bajo los sotanos de la opera de Paris para escribir e interpretar música inspirada en su amor imposible por Christine Daaé .
A continuación les dejo un pequeño articulo que escribi a razón del estreno de la pélicula mas reciente del fantasma esperando que les traiga tantos recuerdos como a mi, y que en el caso de que no la hayan visto los atraiga a esta bella historia de amor gótico, fue escrita originalmente para la extinta revista Legión en una vieja computadora que no era mucho mas que una maquina de escribir con monitor, en una pequeña habitación bajo las escaleras en una casa de huespedes en Coyoacán .

“Y en este laberinto, donde la noche es ciega, el fantasma de la ópera está allí, dentro de mi mente...
-Christine Daaé

Después de una larga espera y una casi nula campaña publicitaria , “El Fantasma de la Ópera” llega por fiin a las pantallas de nuestro país conmoviendo a propios y extraños con la belleza de esta antigue leyenda de la literatura de terror. En esta ocasión es el director Joel Shumacher quién aborda la mítica figura de Erik, un deforme genio musical que hace de la Casa de Opera Popular su dominio particular. Directores e integrantes del elenco son aterrorizados son aterrorizados implacablemente por el fantasma, hasta que la visión de una joven bailarina llamada Christine Daaé, a quien Erik enseña a cantar a escondidas, le atrapa eb una desesperada y obsesiva pasión que le lleva a enfrentarse con el amante rico y apuesto de la naciente estrella: El Vizconde Raoul De Chagny, formando uno de los trianglos amorosos más conmovedores de la literatura y el cine. Esta nueva versión está basada en el músical de Andrew Lloyd Webber, ganador del premio Tony por mejor músical en 1988. La adaptación tiene algunas diferencias bastante notorias, como la secuencia en que el candelabro se precipita sobre la aterrada audiencia en una función maldita de la Opera. En la versión original esto sucede a la mitad de la obra y en la pelicula es desplazada al final de la representación del Don Juan Triunfante para darle más dramatismo al secuestro de Christine. También hay nuevas escenas bastante sorprendentes que probablemente no hubieran funcionado en Brodway, resaltando la narración del tragico origen del fantasma como fenomeno de un circo ambulante, de la bios de Madame Giry, la misteriosa y enérgica maestra del cuerpo de ballet. En la puesta en escena el fantasma fue encarnado por Michael Crawford; Christine por la excepcional cantante Sarah Brogthman (entonces esposa de Webber) y Raoul, por Steve Barton. En el celuloide lo hacen respectivamente Gerard Butler, Emmy Rosum y Parick Willson.
A pesar de que la visión de Webber ha sido sin duda la versión más conocida de la leyenda, no ha sido la única y vale le pena recordar algunas otras máscaras del fantasma, como la inolvidable versión muda a cargo de Carl Lammele que transformó al actor Lon Chaney en una leyenda durante 1925 .
¿Quién puede olvidar la terrible escena en la que el fantasma toca apasionadamente el órganoantes de que Christine (Mary Philbin) le arranque la máscara por la espalda? Esta joya de la cinematografía muda fue durante mucho tiempo la adaptación definitiva de Gastón Leroux, a pesar de que en esta versión el fantasma dista mucho de ser el amante atormentado y conmovedor que logra ganar si no el corazón de la bella cantante, si su compasión. En esta versión el fantasma es más violento e incapaz de sentir piedad, muriendo a manos de la típica turba enardecida.
Una versión menos afortunada fue la de 1943 a cargo de los estudios Universal, con Nelson Nedi interpretando a un violinista que es ddesfigurado con ácido uy que hyendo de la pólicia se oculta en su amada Ópera propiciando el consabido y trágico amor con Susan Foster, ahora en el papel de Christine.
Una visión mucho más creativa corrió a cargo de Brian de Palma (Carrie) llamada “El fantasma del paraíso” durante 1974. En esta ópera rock , De Palma no solo aborda la leyenda del fantasma sino que la mezcla con otro clásico de la literatura “Fausto” y cambia la Casa de Opera por un moderno club nocturno llamado “El páraiso”.
Y como olvidar nuestro granito de arena con “El fantasma de la Opereta” de 1960, una divertida satira dirigida por Fernando Cortés y protagonizada por Tin Tán.
Existe una lista enorme de versiones y tributos, algunos tan extraños como sorprendentes, ya que con este tema se ha hecho de todo: comics, radionovelas, series de tv, montajes teatrales, marionetas, etc.

Tampoco es de extrañar que músicos de todas las épocas y estilos se hayan inspirado en la tragedia de Erik para componer canciones e incluso discos completos. Algunos de los ejemplos más recientes son los grupos: Ataraxia, Nigthwish y Dreams of Sanity, este ultimo con su album “Masquerade” en el que incluso hay un cover del tema músical cantado por Tilo Wolf y Sandra Schleret.
La leyenda del Fantasma de la Ópera seguirá fascinando , inspirando y aterrando a muchas generaciones ya que es una historia de celos, traición, amor y música; elementos que pertenecen y conforman a todo ser humano. El fantasma nos habla sobre lo que nos hace realmente humanos, o para ponerlo en las palabras de su autor Gastón Lerous: “Pobre Erik el tenia un corazón que pudo haber contenido al mundo, pero en vez de ello tuvo que conformarse con los oscuros sótanos de la Ópera, su unico crimen real es haber nacido demasiado feo.”

sábado, 23 de abril de 2011

viernes, 22 de abril de 2011

“SAL CON UNA CHICA QUE LEA”

“SAL CON UNA CHICA QUE LEA”
de Adrian Gallardo Nada, el Viernes, 22 de abril de 2011 a las 23:32

Bueno les comparto un post de semana santa, sobre las mujeres que leen y los hombres que las amamos, aunque creo que se aplica en general a la gente creativa y llena de magia, no es original mio, lo encontre blogueando y me decidi a traducirlo al español por pura diversión y para poder compartirlo, en fin espero que lo disfruten y nos vemos la semana proxima en el concierto de rip rapunzel (goool) buenas lunas.

PD: Chicas salgan con chicos que escriban aplica igual solo que bebemos más.





“SAL CON UNA CHICA QUE LEA”



Sal con una chica que lea. Sal con una chica que gaste su dinero en libros en vez de ropa, que tenga problemas de espacio en su closet por que tiene demasiados libros. Sal con una chica que tenga una lista de libros que quiera leer y que haya tenido credencial de la biblioteca desde que tenía doce.



Encuentra una chica que lea. Sabrás que lo hace por que siempre tendrá un libro sin terminar en su mochila , es la que ve con adoración los estantes en las librerías, es la que llora silenciosamente cuando encuentra un libro que desea. ¿Ves a la chica rara que huele las paginas de un libro viejo en una tienda de segunda mano? Ella es una lectora, nunca pueden resistirse a oler las páginas especialmente si son amarillas.



Ella es la chica que lee mientras espera en la cafetería de la esquina, si observas su taza de café la crema ha formado nata en la superficie por que ella esta un poco enajenada en este momento, perdida en el mundo que el autor ha construido, siéntate, tal vez te note, a la mayoría de las chicas que leen no les gusta ser interrumpidas, pregúntale si le gusta el libro.



Invítale otra taza de café.



Dile lo que realmente piensas de Murakami, ve si logró atravesar el primer capitulo de la comunidad del anillo. Entiéndela si dice que entendió Ulises de James Joyce solo lo dice para sonar inteligente. Pregúntale si ama a Alicia o si le hubiera gustado ser Alicia.

Es fácil salir con una chica que lee. Regálale libros e su cumpleaños, en navidad y en los aniversarios. Dale el regalo de las palabras, en poemas, en canciones, dale Neruda, a Pound, Sexton, Cumming. Dile que comprendes que las palabras son amor. Entiende que ella sabe la diferencia entre los libros y la realidad pero que intentará hacer que su vida se parezca un poco a su libro favorito y nunca será tu culpa si lo logra.



Simplemente tiene que intentarlo.

Miéntele, si ella entiende la sintaxis entenderá que tienes que necesitas mentir. Detrás de las palabras hay otras cosas: motivaciones, valor, matices, dialogo. Sí no fuer asi seria el fin del mundo de las palabras.



Fállale, por que una chica que lee sabe que los fallos siempre te acercan al clímax.

Porque es alguien que entenderá que todas las cosas terminarán, pero que siempre puedes escribir una secuela, que puedes volver a empezar y volver a ser el héroe y que la vida debe de contener un villano o dos.



¿Por qué temer de todo aquello que no eres tú? Las chcias que leen comprenden que la gente, al igual que los personajes se desarrollan.

Excepto en los libros de Crepúsculo.



Si encuentras una chica que lea mantenla cerca. Cuando te la encuentres a las dos de la mañana apretando un libro contra su pecho llorando, prepárale una taza de té y abrázala. Tal vez la pierdas por un par de horas pero siempre volverá a ti, hablará como si los personajes del libro fueran reales por que durante un tiempo siempre lo son.



Decláratele en un globo de aire caliente, o durante un concierto de rock, o muy casualmente la próxima vez que se enferme, o por el Skype.

Sonreirás tan fuerte que te preguntarás por que tu corazón no estalla y sangra sobre todo tu pecho. Escribirás la historia de sus vidas, tendrán hijos con nombres extraños y gustos aún más extraños. Ella le leerá a los niños el gato en el sombrero y a Aslan quizás el mismo día. Caminarán juntos los inviernos de la vejez y ella te recitará a Keats mientras tu te sacudes la nieve de las botas.



Sal con una chica que lea por que te lo mereces, mereces a alguien que te peuda dar la vida mas colorida imaginable, Sí solo puedes darle monotonía, tiempos duros y propuestas a medias entonces estas mejor solo, si quieres el mundo y los mundos mas allá : Sal con una chica que lea.



O mejor aún, sal con una chica que escriba.



-Rosemarie Urquico

lunes, 18 de abril de 2011

“Childe Roland to the Dark Tower Came”



Robert Browning (1812–89)


MY 1 first thought was, he lied in every word,

That hoary cripple, with malicious eye
Askance to watch the working of his lie
On mine, and mouth scarce able to afford
Suppression of the glee, that purs’d and scor’d 5
Its edge, at one more victim gain’d thereby.

What else should he be set for, with his staff?
What, save to waylay with his lies, ensnare
All travellers who might find him posted there,
And ask the road? I guess’d what skull-like laugh 10
Would break, what crutch ’gin write my epitaph
For pastime in the dusty thoroughfare,

If at his counsel I should turn aside
Into that ominous tract which, all agree,
Hides the Dark Tower. Yet acquiescingly 15
I did turn as he pointed: neither pride
Nor hope rekindling at the end descried,
So much as gladness that some end might be.

For, what with my whole world-wide wandering,
What with my search drawn out thro’ years, my hope 20
Dwindled into a ghost not fit to cope
With that obstreperous joy success would bring,—
I hardly tried now to rebuke the spring
My heart made, finding failure in its scope.

As when a sick man very near to death 25
Seems dead indeed, and feels begin and end
The tears and takes the farewell of each friend,
And hears one bid the other go, draw breath
Freelier outside, (“since all is o’er,” he saith,
“And the blow fallen no grieving can amend;”) 30

While some discuss if near the other graves
Be room enough for this, and when a day
Suits best for carrying the corpse away,
With care about the banners, scarves and staves,
And still the man hears all, and only craves 35
He may not shame such tender love and stay.

Thus, I had so long suffer’d, in this quest,
Heard failure prophesied so oft, been writ
So many times among “The Band”—to wit,
The knights who to the Dark Tower’s search address’d 40
Their steps—that just to fail as they, seem’d best.
And all the doubt was now—should I be fit?

So, quiet as despair, I turn’d from him,
That hateful cripple, out of his highway
Into the path the pointed. All the day 45
Had been a dreary one at best, and dim
Was settling to its close, yet shot one grim
Red leer to see the plain catch its estray.

For mark! no sooner was I fairly found
Pledged to the plain, after a pace or two, 50
Than, pausing to throw backward a last view
O’er the safe road, ’t was gone; gray plain all round:
Nothing but plain to the horizon’s bound.
I might go on; nought else remain’d to do.

So, on I went. I think I never saw 55
Such starv’d ignoble nature; nothing throve:
For flowers—as well expect a cedar grove!
But cockle, spurge, according to their law
Might propagate their kind, with none to awe,
You ’d think; a burr had been a treasure trove. 60

No! penury, inertness and grimace,
In the strange sort, were the land’s portion. “See
Or shut your eyes,” said Nature peevishly,
“It nothing skills: I cannot help my case:
’T is the Last Judgment’s fire must cure this place, 65
Calcine its clods and set my prisoners free.”

If there push’d any ragged thistle=stalk
Above its mates, the head was chopp’d; the bents
Were jealous else. What made those holes and rents
In the dock’s harsh swarth leaves, bruis’d as to baulk 70
All hope of greenness? ’T is a brute must walk
Pashing their life out, with a brute’s intents.

As for the grass, it grew as scant as hair
In leprosy; thin dry blades prick’d the mud
Which underneath look’d kneaded up with blood. 75
One stiff blind horse, his every bone a-stare,
Stood stupefied, however he came there:
Thrust out past service from the devil’s stud!

Alive? he might be dead for aught I know,
With that red, gaunt and collop’d neck a-strain, 80
And shut eyes underneath the rusty mane;
Seldom went such grotesqueness with such woe;
I never saw a brute I hated so;
He must be wicked to deserve such pain.

I shut my eyes and turn’d them on my heart. 85
As a man calls for wine before he fights,
I ask’d one draught of earlier, happier sights,
Ere fitly I could hope to play my part.
Think first, fight afterwards—the soldier’s art:
One taste of the old time sets all to rights. 90

Not it! I fancied Cuthbert’s reddening face
Beneath its garniture of curly gold,
Dear fellow, till I almost felt him fold
An arm in mine to fix me to the place,
That way he us’d. Alas, one night’s disgrace! 95
Out went my heart’s new fire and left it cold.

Giles then, the soul of honor—there he stands
Frank as ten years ago when knighted first.
What honest man should dare (he said) he durst.
Good—but the scene shifts—faugh! what hangman hands 100
Pin to his breast a parchment? His own bands
Read it. Poor traitor, spit upon and curst!

Better this present than a past like that;
Back therefore to my darkening path again!
No sound, no sight as far as eye could strain. 105
Will the night send a howlet of a bat?
I asked: when something on the dismal flat
Came to arrest my thoughts and change their train.

A sudden little river cross’d my path
As unexpected as a serpent comes. 110
No sluggish tide congenial to the glooms;
This, as it froth’d by, might have been a bath
For the fiend’s glowing hoof—to see the wrath
Of its black eddy bespate with flakes and spumes.

So petty yet so spiteful All along, 115
Low scrubby alders kneel’d down over it;
Drench’d willows flung them headlong in a fit
Of mute despair, a suicidal throng:
The river which had done them all the wrong,
Whate’er that was, roll’d by, deterr’d no whit. 120

Which, while I forded,—good saints, how I fear’d
To set my foot upon a dead man’s cheek,
Each step, or feel the spear I thrust to seek
For hollows, tangled in his hair or beard!
—It may have been a water-rat I spear’d, 125
But, ugh! it sounded like a baby’s shriek.

Glad was I when I reach’d the other bank.
Now for a better country. Vain presage!
Who were the strugglers, what war did they wage
Whose savage trample thus could pad the dank 130
Soil to a plash? Toads in a poison’d tank,
Or wild cats in a red-hot iron cage—

The fight must so have seem’d in that fell cirque.
What penn’d them there, with all the plain to choose?
No foot-print leading to that horrid mews, 135
None out of it. Mad brewage set to work
Their brains, no doubt, like galley-slaves the Turk
Pits for his pastime, Christians against Jews.

And more than that—a furlong on—why, there!
What bad use was that engine for, that wheel, 140
Or brake, not wheel—that harrow fit to reel
Men’s bodies out like silk? with all the air
Of Tophet’s tool, on earth left unaware,
Or brought to sharpen its rusty teeth of steel.

Then came a bit of stubb’d ground, once a wood, 145
Next a marsh, it would seem, and now mere earth
Desperate and done with; (so a fool finds mirth,
Makes a thing and then mars it, till his mood
Changes and off he goes!) within a rood—
Bog, clay, and rubble, sand and stark black dearth. 150

Now blotches rankling, color’d gay and grim,
Now patches where some leanness of the soil’s
Broke into moss or substances like thus;
Then came some palsied oak, a cleft in him
Like a distorted mouth that splits its rim 155
Gaping at death, and dies while it recoils.

And just as far as ever from the end,
Nought in the distance but the evening, nought
To point my footstep further! At the thought,
A great black bird, Apollyon’s bosom-friend, 160
Sail’d past, nor beat his wide wing dragon-penn’d
That brush’d my cap—perchance the guide I sought.

For, looking up, aware I somehow grew,
Spite of the dusk, the plain had given place
All round to mountains—with such name to grace 165
Mere ugly heights and heaps now stolen in view.
How thus they had surpris’d me,—solve it, you!
How to get from them was no clearer case.

Yet half I seem’d to recognize some trick
Of mischief happen’d to me, God knows when— 170
In a bad perhaps. Here ended, then,
Progress this way. When, in the very nick
Of giving up, one time more, came a click
As when a trap shuts—you ’re inside the den.

Burningly it came on me all at once, 175
This was the place! those two hills on the right,
Couch’d like two bulls lock’d horn in horn in fight,
While, to the left, a tall scalp’d mountain … Dunce,
Dotard, a-dozing at the very nonce,
After a life spent training for the sight! 180

What in the midst lay but the Tower itself?
The round squat turret, blind as the fool’s heart,
Built of brown stone, without a counter-part
In the whole world. The tempest’s mocking elf
Points to the shipman thus the unseen shelf 185
He strikes on, only when the timbers start.

Not see? because of night perhaps?—Why, day
Came back again for that! before it left,
The dying sunset kindled through a cleft:
The hills, like giants at a hunting, lay, 190
Chin upon hand, to see the game at bay,—
“Now stab and end the creature—to the heft!”

Not hear? when noise was everywhere! it toll’d
Increasing like a bell. Names in my ears
Of all the lost adventurers my peers,— 195
How such a one was strong, and such was bold,
And such was fortunate, yet each of old
Lost, lost! one moment knell’d the woe of years.

There they stood, ranged along the hill-sides, met
To view the last of me, a living frame 200
For one more picture! in a sheet of flame
I saw them and I knew them all. And yet
Dauntless the slug-horn to my lips I set,
And blew “Childe Roland to the Dark Tower came.”