jueves, 18 de octubre de 2012

COLA DE LAGARTO PROLOGO

Esta entrada al Blog es al mismo tiempo un regalo y una promesa, un regalo para todos aquellos que me han apoyado durante los años en que he estado trabajando en “Cola de Lagarto” y una promesa de terminarlo prontamente, escribir esta, mi primera novela ha sido un trabajo bastante complicado y doloroso en muchas maneras, para mi, contar un relato es abrir una puerta, una puerta que une lo que es y lo que pudo ser, la realidad con el deseo. La historia detrás de CDL es una historia vieja, una historia que muchos de ustedes han cantado sin conocerla es la misma historia detrás de “Lovesong for a Dead Girl” de Oblivion Requiem, en palabras de Mario “una historia de amor que no tuvo un final feliz”, pero también es la historia de otras muchas personas, reales e imaginarias, de otros amores, de otras promesas, es una historia dónde la realidad y la fantasía se mezclan de maneras nuevas y poderosas, así podremos ver bandas reales interactuando con bandas que nunca existieron pero que debieron haberlo hecho, amigos de mi juventud se descubren charlando y peleando a lado de amigos imaginarios, escenarios reales del underground mexicano a lo largo de tres décadas reciben con naturalidad a mis fantasmas y demonios internos, así les comparto una primera muestra de lo que será CDL y los invito a entrar por primera vez en este universo dónde mis recuerdos se mantienen vivos y mi pasado lucha con uñas y dientes por permanecer presente… Prologo: “Yo no soy mi padre” esas son las palabras que me repito a mi misma cada vez que me miro frente a un espejo a pesar de que sé que yo misma soy de alguna manera un reflejo de lo que fue su vida, ¿A caso soy el eco de una canción que dejó ser escuchada? ¿La imagen fantasma de un fuego fatuo? A veces escucho sus canciones, releo sus palabras ,contemplo sus pinturas y fotografías como quien estudia un fósil exiliado del tiempo, intentando descubrir dentro de su misterio alguna explicación, alguna pista, alguna respuesta que me permita entender su mundo, que me revele un poco del pasado . Madre nunca habla del pasado, desde que era pequeña cualquier alusión al tema terminaba conmigo castigada y con ella llorando, a veces ambas llorábamos, sí, había muchas lágrimas pero ninguna respuesta, pasé toda mi infancia intentando imaginar como era mi padre, ni siquiera sabía si estaba vivo o si estaba muerto, quizás era el rey de algún extraño reino y tenía que mantenerme oculta para que sus enemigos no intentaran lastimarme a mi o a mi madre, quizás era un agente secreto, una especie de espía que luchaba por salvar al mundo, a lo mejor era alguien famoso, me imaginaba a mi padre prisionero en un castillo rodeado por un foso lleno de cocodrilos, escribiéndome cartas en pedazos de papel, intentando encontrar la forma de escaparse para reunirse con madre y conmigo, para mi era muy obvio que sus cartas nunca llegaban a mis manos por que eran interceptadas por los villanos que lo mantenían cautivo , pero los años pasaron y mi padre nunca escapó de su prisión, ni salvó el mundo, ni mandó un carruaje para que nos llevara a madre y a mi a algún reino de fantasía para gobernar a su lado, el silencio fue la única constante a través de los años, el silencio y la duda. A veces odiaba a mi madre por guardarse el secreto, llegué a pasar semanas enteras sin hablar con ella intentando con mi silencio obligarla a confesar, pero esto nunca funcionaba y pronto mi madre dejó de llorar cada vez que le preguntaba sobre mi padre limitándose solamente a mirarme con esos ojos claros tan semejantes a los míos. Claro que todo eso fue antes de que encontrara por casualidad la caja de Pandora que no es otra cosa que una caja de madera llena de fotografías y recortes de periódicos entre otras cosas. La descubrí una tarde cuando tenía 16 años, Madre había salido a alguna de sus clases ¿Qué era en esa época? ¿Yoga o Tai – Chi? No lo recuerdo, no importa, Madre no estaba y yo tenía la casa para mi y para “Mitra” mi pequeña perra así que decidí entrar al cuarto de madre para explorar un poco, Madre siempre tenía cosas interesantes en su cuarto, además existía la posibilidad de hallar cigarrillos o hasta condones, entre sus curiosidades podían encontrarse barajas de tarot, cuarzos y piedras extrañas, varitas de incienso, libros de esoterismo. Madre siempre fue una mujer muy espiritual e incluso tenía un altar consagrado a los elementos y los ángeles, mi abuela fue santera y madre le había ayudado en sus rituales y misas desde que era pequeña, también podía encontrar mucha ropa interesante y como no es muy alta a mi me queda bastante bien y a menudo le robo alguna chamarra o esas falditas ochenteras que ya casi nunca se pone, en fin, el chiste es que en esas andaba yo cuando entro Mitra corriendo provocándome un susto de muerte ya que creí que Madre había regresado antes y me iba a encontrar husmeando en sus cosas, rápidamente cerré la puerta del closet con un fuerte golpe que sacudió toda la habitación y provocó que este se meciera un poco entonces fue cuando ví” la caja de Pandora” sobresalía desde la parte más alta del closet, esperando pacientemente que yo la tomara entre mis brazos, cosa que hice después de acercar una silla para alcanzarla, nunca había visto esa caja, a pesar de que había entrado muchas veces al cuarto de madre y que yo misma le había ayudado a desempacar sus cosas cuando nos mudamos para acá de casa de la abuela, en fin, el chiste es que era una caja morada muy rara, emocionada me senté sobre la cama de madre y la abrí dejando escapar de su interior un fuerte aroma a flores secas. Como ya dije en su interior había recortes de periódicos y algunas fotografías viejas, a través de ellas fue que pude contemplar por primera vez el rostro de mi padre, solo que ¿Quien de todos ellos era?, en las fotos podían observarse diferentes personas, chicos vestidos de negro y mujeres con atuendos medievales, al parecer eran o habían sido una banda de rock, los hombres se maquillaban de blanco y se pintaban como prostitutas muertas, entonces reconocí a Madre, solo que aún no era madre, se le veía muy joven y sonreía abrazando a un chico bastante extraño que no sonreía, simplemente miraba hacia la cámara con expresión melancólica ¿Sería posible que ese tipo de cabello morado fuera mi padre? Era imposible saberlo, Bueno por lo menos ya teníamos algo en común ya que yo también me pinto el cabello, solo que a diferencia suya el mío es azul intenso, intrigada y emocionada comencé a escarbar dentro de la caja, además de otras fotos de diferentes personas encontré tres discos, uno decía simplemente “demo” y carecía de funda, los otros dos eran discos originales, cada uno en su propio estuche, en el primero y mas reciente aparecía el nombre de la banda “El club de los Suicidas” el titulo del álbum era “Nunca Nada” y en la portada aparecía una mancha negra con tonos violetas que bien podía ser una galaxia o un cuagulo de sangre, el segundo y al parecer primer álbum de la banda se titulaba simplemente “el club de los suicidas” y en la portada aparecía el rostro borroso de alguien con el cabello largo, no podía distinguirse si era hombre o mujer lo único que no se veía como a través de una gota de aceite era un ojo violeta que miraba directamente hacia mi, sentí el impulso de levantarme y poner uno de los dos discos, pero una de las notas en el periódico llamó mi atención, era un reportaje morboso de nota roja, comencé a leer una a una todas las notas, la mayoría hablaban a sobre la trayectoria de la banda pero había otras que seguían la historia que me había llamado la atención, continué leyendo, intentando poner en orden cronológico las notas lo cual era muy difícil ya que como eran recortes no todas tenían la fecha, fue así que comencé a conocer la extraña historia de “El club de los suicidas”, la historia de mi padre, la historia del mundo que existió antes de que yo viniera al mundo y que al parecer terminó con mi nacimiento, la historia de mi madre antes de ser mi madre, la historia de una generación perdida. Supongo que cuando madre llegó lo primero que escuchó fue la música de los suicidas flotando dentro de su habitación como una maldición arcana, recuerdo que dejó caer su bolsa y los libros que traía en las manos y echó a correr hacia su cama, hacia mi, recuerdo que no gritó, simplemente entró caminando en silencio y se sentó a mi lado, yo lloraba empapando con mis lágrimas uno de los recortes, en mi regazo yacían las fotos de quien ahora estaba segura que era mi padre, el olor a flores secas era muy fuerte y casi parecía teñir el ambiente con un color sepia devorando los colores, ¿Que es esto? Pregunté como pidiendo misericordia, buscando un consuelo, Madre guardó silencio por un momento escuchando la voz que provenía de la grabadora, se acercó más y tomó una de las fotos, la foto de una joven de mirada triste que pudo haber sido ella, pero no lo era, “Esto, esto es la cola de lagarto” y entonces me abrazó mientras la voz de los suicidas hacía eco desde las bocinas del estéreo: “Te encontraré en el pasado, reflejada entre las sombras, en las escamas, deslizándote sobre una cola de lagarto”

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