jueves, 4 de octubre de 2012

Carta abierta a los Niños perdidos

Carta abierta a los Niños perdidos Este año ha sido de muchas maneras un año difícil para mi, un año de cambios y de retos, un año de auto descubrimiento lleno de preguntas y respuestas, aún más preguntas que respuestas, antes de abordar el tema central que quiero compartir déjenme ponerlos un poco al corriente sobre mi y mis decisiones durante este año, sobre el por que no he sido visto ni he colaborado con ningún proyecto nuevo desde hace tiempo… Hasta hace un mes estuve trabajando en Telvista uno de los call center más grande de la ciudad, trabajar en una oficina fue una experiencia totalmente nueva para mi, horarios fijos, reglas estrictas etc, todos los que han pasado por esa experiencia saben lo que es, es un trabajo que restringe tu creatividad de una manera apabullante ¿Por qué tome la decisión de trabajar allí? Es una pregunta complicada, la razón más importante fue el dinero, verán llevaba muchos años empleándome en trabajos ocasionales o consiguiendo dinero de maneras alternativas, dando clases de teatro mayormente o con los pagos que recibo por presentarme con RIP Rapunzel, sin embargo no era mucho, no era suficiente para el ritmo de vida que llevo y que me gusta llevar, no era suficiente para pagar una renta, ni siquiera para beber algunos tragos en un buen bar los fines de semana, que decir de comprar libros o discos, para decirlo de una manera sencilla apenas era suficiente para salir al paso, sobretodo si tomamos en cuenta que Los Niños Perdidos llevan inactivos bastante tiempo pero eso es adelantarme al tema central, en fin, como les decía a lo largo de mi vida he tenido muchos trabajos eventuales, todos más o menos caóticos así que realmente nunca tuve que preocuparme por formarme ninguna disciplina personal, esta búsqueda de disciplina fue otra razón importante para tomar la decisión de entrar al mundo institucional, necesitaba un cambio en mi vida, uno radical, necesitaba cambiar de piel y saber si tenia el valor de enfrentarme a un mundo al que siempre le he rehuido, un mundo donde para variar yo me encontraba en desventaja y tenia que verme forzado a volver a aprender a aprender, a tener paciencia y a recibir ordenes, quizás a muchos les parezca una estupidez pero los invito a ver la situación desde mi punto de vista tenia que ver si era capaz de pasar de ser Nada el director de teatro acostumbrado a dar ordenes para sacar adelante empresas que solo existían en mi imaginación hasta que alguien las realizaba en escena, de ser el escritor que solo tenia que leer un cuento medianamente sobrio para recibir elogios y aplausos y que se conformaba con presentarse de vez en cuando en un escenario tan solo para disfrutar de la fiesta después del show y seguir teniendo el valor nominal de llamarme artista, estaba estancado, cansado, aburrido, aburrido de ser Nada el viejo actor al que le celebran viejas glorias, aburrido de ver propuestas valiosas perderse en el olvido gracias a los laberintos burocráticos, de hacer canciones que nunca serian valoradas por que vivimos en un país dónde nadie valora nada, en fin, quería ver si podía dejar eso atrás y enfrentarme al mundo real, al mundo laboral, así me convertí en el operador 803, una voz anónima en un trabajo anónimo, un numero en la nomina, por primera vez en años baje la bandera de la imaginación. Pasé varios meses recibiendo ordenes (aunque debo decirlo nunca me trague un regaño) diciendo si señor es un placer atender sus peticiones estúpidas y caprichosas, meses agradeciendo la paga cada quince días y conectándome con personas con las que nunca imagine conectar, sobra decir que durante todo este tiempo deje de escribir (los pocos que seguían este blog deben de haberlo notado) creo que solo escribí una canción cuyo nombre describe perfectamente mi estado de ánimo “El ritual del abandono”. En el call center encontré gente muy valiosa, personas que no solo me ayudaron a no volverme loco sino que demostraron ser verdaderos amigos, hermanos de lucha y de visión , aprendí a ver el mundo desde otro punto de vista, por primera vez en años disfrute de entrar a una librería y darme el lujo de escoger todo lo que me llamara la atención sin preocuparme por el precio, de invitarle un trago o dos a las personas que solían invitarme a mí, comencé a ir a los karaokes a cantar y desahogar un poco mi sed de escenario, aprendí a ser feliz y a valorar las pequeñas cosas como encontrar el tiempo de leer un buen libro o de ver una película, sin embargo no me sentía completo. Finalmente fui despedido, no por incompetencia sino por haber herido el ego de un gringo que exigió mi baja al abogado de Telvista y como siempre que me peleo con una transnacional o con una institución perdí la pelea, de un día para otro me encontré desempleado (sólo que con la cartera llena gracias a un finiquito simbólico). He pasado el último mes agotando ese finiquito festejando de bar en bar, y de fiesta en fiesta, debo de decir que hasta hoy tampoco había escrito gran cosa, solo algunas escenas nuevas de mi novela después de revisarla por enésima vez, ahora me encuentro una vez más en el lugar donde empecé, solo un poco más sabio quizás. Acabo de revisar el saldo de mi tarjeta y la cantidad me sorprendió (más por que hubiera una cantidad que por otra cosa), el saldo es de 61 pesos con 50 centavos, demasiado poco como para retirarlo incluso, necesito volver a encontrar un empleo, sin embargo no estoy seguro de querer volver a trabajar en un call center o en algo parecido, verán las últimas semanas me he sentido un poco deprimido al sentir que mi vida ha perdido el rumbo, cuando el año comenzó estaba aburrido y cansado, avinagrado en mi propia soledad y ahora casi a su cierre me encuentro igual, después de varias platicas y borracheras con algunos amigos (a quienes agradezco su paciencia) he llegado a una conclusión: Necesito volver. Volver a los escenarios, volver a enseñar, volver a hacer arte que es lo único que siempre me ha hecho sentir vivo, es por esta razón que me dirijo a ustedes a los Niños Perdidos de ayer y a los que vienen, creo que una de las cosas que tengo que recuperar es mi pasión por crear y por enseñar, necesito redescubrir el arte mediante el quehacer escénico, quiero volver a dirigir esta compañía que ha soportado los embates del tiempo y la desesperanza, muchos de ustedes se han colocado en otras compañías y han comenzado a hacerse un nombre por ustedes solos y me siento lleno de orgullo por ustedes, otros al igual que yo lo dejaron a un lado y se dedicaron a trabajar o estudiar, ahora entiendo lo importante de cambiar de aire de vez en cuando y que descansar no es abandonar, ahora estoy listo para volver y encontrar aquello que perdí en el camino. En los próximos meses lanzaré una nueva convocatoria para dar clases y comenzar a montar un nuevo espectáculo, sí, uno nuevo, no una nueva versión de Alicia más allá del espejo ni de Los Murmullos, un nuevo espectáculo que reunirá el teatro, con los títeres, la danza y la música, se que muchos de ustedes no necesitan clases, para ustedes la invitación cambia y los llamo como artistas interesados en continuar creciendo y experimentar algo nuevo, he decidido buscar un trabajo de medio tiempo que me permita seguir creando y construyendo con los niños perdidos y volver a ganarme el varo para los libros y las chelas enseñando a todo aquel que quiera aprender. El llamado está hecho y la bandera de la imaginación ondea en lo alto una vez más… Por que nunca me fui, Por que nunca me iré, Por que el camino no cambia pero cambiamos nosotros, Por que la meta no existe, está en nuestros corazones… ATTE: Adrian Gallardo Nada (Ex Operador 803)

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