lunes, 5 de septiembre de 2011

Antes de que nos olviden




A veces me miro en el espejo y me pregunto quien es esa persona que me mira desde el otro lado, me acerco a mi reflejo intentando reconocerme debajo de las cicatrices, de mis mejillas, de la barba, de las arrugas que comienzan a surgir del acne que nunca se fue del todo, sumo la panza y evoco en mi mente la época en que me costaba conseguir pantalones que se me vieran bien de lo delgado que estaba.

Enciendo un cigarro y le doy play a mi selección de rock en español mientras abro una cerveza y saco una caja con fotografías de esos tiempos, siempre he pensado que verlas en la pantalla les quitaría mucho valor así que no las escaneé nunca, sentir el papel fotográfico en mis manos me trae cierto placer al igual que el olor que libera la caja cuando la abro, con las fotos los recuerdos cobran fuerza y recorren libres mi habitación, me veo a mi mismo posando junto con mis amigos de la secundaria afuera de un bar llamado la Vóragine en el centro de Tlalpan, fumando un cigarro en el callejón del beso en Guanajuato, besando a una chica en los Viveros de Coyoacan, sosteniendo un micrófono en el Dada X, jugando con una gatita bebe que con el tiempo se llamaría Chimichurri y daría a luz a varios gatitos que ahora viven en casa de ex novias y amigos, los recuerdos se vuelven demasiado numerosos y me obligan a tomar mi chamarra y salir a caminar para darles espacio.

Horas más tarde estoy sentado en el quiosco del centro de Tlalpan, más bien en el borde de su barandal dejando que el viento juegue con mi cabello mientras observo a los chicos de la secundaria 29 salir del turno vespertino y dirigirse hacia sus casas en medio de risas y empujones, si me esfuerzo un poco aún puedo verme a mi mismo vistiendo esos horribles pantalones grises y cargando un estuche de guitarra mientras escuchaba a los héroes del silencio en mi walkman, si me esfuerzo un poco más puedo ver a mi mejor amigo Mario esperándome en una esquina, todo vestido de terciopelo negro y cargando a su vez su propia guitarra el año debe de ser 1996 o 97 y ni Oblivión Requiem, Rip Rapunzel, o los Abortos de tu jefa existían ni siquiera en nuestra imaginación aunque probablemente ya soñábamos despiertos con hacer una banda mientras escuchábamos a Santa Sabina y Nirvana en mi cuarto rodeados de Cómics del Hombre Araña, Batman y los Hombres X apenas eran los noventas y nosotros ya nos sentíamos dueños del mundo. Me concentro más y adelanto el tiempo un puñado de años mientras camino hacia el Juana de Asbaje y me adentro en sus jardines para ver a los Niños Perdidos del ayer sentados en círculo mientras les cuento alguna historia, allí están la mayoría, Eliza aun un poco regordeta, Edgar alto y flaco con el ceño fruncido, Mariana observando todo en silencio con sus bellos ojos verdes, Diego con cara de crudo, Karen con el cabello morado que hacía juego con el mío, Ale y la Bruja inseparables, Lizbeth poniendo en orden a los dos Landines, Andrés a quien ya se le conocía desde entonces como “El Happy Punk” , Veo a Kutashi que mira coquetamente a Andrea quien a su vez observa a Mario mientras le pica la oreja con una ramita a Omar cuando este trata de poner atención..

Un policía me dice que están a punto de cerrar y que tengo que desalojar el parque, yo asiento y muevo la mano para despedirme de la visión de los niños perdidos en un mundo en el que siempre serán mis niños perdidos y con la certeza de que nunca volveré a verlos a todos en el mismo lugar al mismo tiempo.

Media hora después recibo una llamada al celular, es Mario me dice que le caiga a su casa si no estoy haciendo nada, le digo que si sin pensarlo mucho, la posibilidad de regresar a mi casa y toparme el cuarto lleno de recuerdos me ayuda a decidirme, abordó un micro y me siento junto a la ventana, el chofer está escuchando una estación retro y al cabo de unas canciones se deja escuchar “Video Killed the Radio Star” el primer video que emitió la Mtv en 1981 el año en el que nací, hace 30 años, tres décadas, un millón de vidas…

continuará